miércoles, 29 de enero de 2014

Ed. Planeta publica "El jardín del cielo", historias extraordinarias de santidad y martirio



EL JARDIN DEL CIELO
SI QUIERES INDAGAR EN
ESTAS EXTRAORDINARIAS HISTORIAS SOBRE SANTIDAD Y MARTIRIO PUEDES ENTREVISTAR AL AUTOR RAFAEL PIÑEIRO.


El libro más completo publicado en España sobre los mártires

El libro es una primera colección de cuarenta y cinco relatos que recogen distintos episodios y peripecias de la vida y de la forma en que vivieron y murieron algunos santos personajes.
El libro podría calificarse de "peculiar" en el sentido siguiente: quien lo lea no puede esperar encontrar en él unos relatos de Vidas de Santos en la forma a la que estamos acostumbrados. La idea, en cambio, es intercalar la transcripción fiel de múltiples textos, ­-antiguos muchos de ellos-­, con frecuentes observaciones sobre los mismos, que le nacen espontáneamente, al leerlos, a cualquier mentalidad propia de nuestros días.
El autor ha salido plenamente airoso de su empeño de proporcionar al lector  una diversión continua, desde la primera página, apoyada en un castellano pulcro y en unas dosis bastante abundantes de humor, mezclado con el estupor y la admiración que muchas de estas proezas despiertan en quien las lee, sea cual sea su manera de pensar.
En esta primera entrega se encuentran ya todo tipo de portentos, de penitencias extremas y de argucias de un buen número de santos y beatos para hacer su vida y las de los demás maravillosas o insoportables, pues de todo hay. Porque, como se dice en alguna parte del texto, es difícil encontrar un prodigio que no haya sido ejecutado por algún santo. Hay santos para todo. Y la lejanía en el tiempo ayuda a que, día a día, estas historias vayan ganando en fascinación lo que, tal vez, pueden ir perdiendo en cuanto a su exactitud histórica.


EL JARDÍN DEL CIELO

Por El jardín del cielo pasean santos y mártires, de vidas y muertes asombrosas, autores  de hechos prodigiosos e inexplicables cargados de fe y bondad. Casi todos ellos se encuentran en esta fascinante obra, una primera y excelente recopilación de historias extraordinarias de santidad y martirio.

Toda la narración discurre entorno a la vida, obra, y milagros de santos y mártires, a los que frecuentemente acompañan ángeles y otras criaturas celestiales. Las historias magistralmente relatadas no dejan indiferente a nadie. Asombrosas y motivadoras, todas ellas relatan hechos sobrenaturales realizados por algún santo o santa en vida o post mórtem.

Rafael Piñero, el autor, narra de manera trepidante estas vidas ejemplares, con un estilo fresco y directo, incluyendo, además, comentarios personales cargados de sutil ironía. La exhaustiva y minuciosa tarea de documentación de Piñero nos brinda un compendio completísimo a la par que ameno. La obra, escrita, entendemos en un pulcro y rico castellano, está repleta de referencias y aclaraciones, y hará las delicias del lector, ya sea un erudito en la materia, un interesado en temas religiosos, o una persona laica, que busque entre sus páginas un pasatiempo con una pizca de iluminación.
Muchas de las historias recogidas aquí han llegado hasta nosotros como leyendas, que suelen tener su origen en un hecho real, al que el tiempo y la imaginación le han dado forma, explica el autor. Así la verdad, la leyenda y el mito, se entrelazan en este jardín celestial para formar esta obra entretenida e ilustrativa.
Como indica su autor, Rafael Piñero, El jardín del cielo se puede leer, a tres diferentes niveles. El primero, como simples episodios de la vida de esos santos y mártires. El segundo, como un entramado de leyendas, hechos históricos o prodigios, que estimulen a quien los lea a aplicar un cierto sentido crítico, separando lo real de lo que tenga de fantasioso. En el tercero, el autor nos invita a descifrar los mensajes e ideas que a lo largo de la lectura se ocultan agazapados tras las gestas relatadas.
El libro recoge las historias de santos preparados para someterse a ayunos imposibles, otros que se hacen entender con animales, como san Francisco de Asís; o los que vivían en lo alto de columnas por decenas de años como san Alipio el Estilita o san Lázaro. En el lado opuesto Piñero nos presenta a san Sabino “quién optó, como los estilitas, por separarse del mundo siguiendo una trayectoria vertical, aunque diferente. San Sabino decidió vivir durante años en lo más profundo de un pozo”, explica.
En cada capítulo se narran diferentes actuaciones milagrosas: hallaremos santos levitadores, otros que bien podrían ser prestidigitadores, capaces de transformar unos objetos en otros para salir de algún apuro. Como el caso de San Antonio, que es bastante curioso, porque ayudó a un contrabandista convirtiendo en alubias el fardo de tabaco que llevaba ante unos carabineros que le echaron el alto. Al respecto de este milagro el autor afirma lleno de sarcasmo: “realmente, de todos los milagros examinados en este libro, y que serán muchos, tal vez sea el único al que lo tomes por donde lo tomes, no se le acaba de ver intención moral alguna”.
San Gaspar de Búfalo destacó por innumerables razones, una de ellas era el don de la palabra. Sus convincentes predicaciones podían oírse a gran distancia, o ser comprendidas aunque se desconociese el idioma en el que eran recitadas. También, como explica Teresa Spezzaferro, tenía la capacidad de leer las conciencias, como un día al ir a confesar con el santo éste ya sabía todos sus pecados, recetándole además la penitencia debida. A san Gaspar de Búfalo, debemos también la famosa cita: “no puedo, no debo, no quiero” que pronunció ante las tropas de Napoleón, cuando obligaron a los religiosos a prestar juramento de lealtad militar al invadir la ciudad de Roma.
Debemos mencionar el capítulo titulado los santos “suicidas”, con la historia de santa Pelagia de Antioquía, mártir siria del siglo IV, que “durante la persecución de Numeriano, unos soldados la fueron a buscar. Ella les pidió ponerse el vestido de fiesta antes de que se la llevasen. Sabedora de las indignidades que le esperaban, se fue al piso superior de la casa y se lanzó al vacío”. Lo que da pie al autor a reflexionar “sobre este delicado tema de la línea divisoria entre el martirio y el suicidio”.
Las penitencias desorbitadas, el dolor físico constante, el éxtasis ocasional, o las tentaciones del diablo están presentes a lo largo de toda la obra, siendo elementos recurrentes en las vidas de los santos y mártires.
Milagros sorprendentes

Uno de los episodios más sorprendentes que encontramos en la narración es como San Antonio de Padua, en la ciudad italiana de Ferrara, hizo hablar a un niño recién nacido. La escena es la siguiente; un hombre importante de la cuidad, preso de los celos, no quería reconocer a un hijo suyo, al pensar que era resultado de una infidelidad de sus esposa; por lo que el santo cogió al recién nacido en brazos y le dijo:

“Te suplico en nombre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nacido de María Virgen, que me digas en voz clara, para que todos puedan oírlo, quién es tu padre.
A lo que el chiquillo respondió:
¡Éste es mi padre!
No volviendo a recuperar el habla, el niño, hasta varios años después.
En muchos casos vamos a toparnos con santas que intentan camuflar su belleza con el objetivo de alejar a sus pretendientes. Un ejemplo de ello es santa Brígida de Kildare, irlandesa nacida a mediados del siglo V. Desde niña destacó por una belleza física superior que le otorgó innumerables pretendientes. La muchacha que ya había decidido dedicar su vida a Dios, oró para que se le concediese fealdad y sus plegarias fueron atendidas. Tal como recoge el autor: “le fue reventado un ojo, derramándose su contenido por el interior de su cabeza”. Entre sus milagros destaca el poder de repartir leche y mantequilla en grandes cantidades entre los pobres, provenientes de una única vaca prodigiosa; por lo que esta santa es la patrona de los lecheros. También desarrolló la capacidad de transformar el agua en cerveza y abastecer a dieciocho conventos. A santa Gertrudis de Nivelles, hija del rey Pipino y de la reina Itta, pretendida por el rey Dagoberto de Austrasia, le ayudó su madre a disimular su hermosura, ésta apoyando la vocación de sus hija consiguió alejar al pretendiente con un acto tan sencillo como efectivo: rapándola el pelo al cero. El afeamiento ha acompañado a muchas santas como también es el caso de santa Colecta, monja de Santa Clara, que murió a mitad del siglo XV. Su plegaria fue destinada a que su tez no luciese tan blanca y colorada, y sus ruegos fueron escuchados ya que adquirió un nuevo tono amarillento en el rostro y en las manos que la acompañaría toda su vida. Hay que destacar, además, los casos de santa Engracia o de la abadesa, Juana se la Cruz, que se disfrazaban de hombres para evitar las miradas masculinas.

Santos patrones


Que cada oficio, enfermedad o necesidad, tenga un santo propio al que encomendarse está estrechamente relacionado a los hechos milagrosos realizados por éste en vida. En el libro descubrimos la explicación de por qué estas veneraciones no se producen por casualidad. Normalmente se relacionan con el oficio del santo o santa en cuestión, o con el objeto con el que realizaron sus milagros.

San Isidro Labrador es por excelencia el patrón de la ciudad de Madrid y de los agricultores, nació en esta ciudad en 1082, siendo uno de los santos más prolíferos en cuanto a la realización de milagros se refiere. Según la congragación de San Isidro, se le han atribuido más de cuatrocientos milagros, de los cuales cincuenta y cinco, fueron post mórten. Uno de los más recordados es la salvación de su propio hijo, el también santo Illán, siendo aún un bebé, al caer a un pozo. San Isidro con sus oraciones hizo subir las aguas rescatando al hijo sano y salvo. Una santa familia que se completa con la madre, santa María Toribia, más conocida como santa María de la Cabeza, a la que se suele acudir en épocas de sequía sacando la reliquia de su cabeza en procesión, de ahí su nombre. Otro de los portentos que se atribuyen a san Isidro es que sus bueyes arasen por iniciativa propia y sin acompañamiento, o guiados por un ángel, como cuentan otras versiones.
Otro de los santos con patronazgo es san Gangulfo, caballero de Borgoña del siglo VIII, “es el patrono de los curtidores, de las fuentes, de los zapatos y de los niños, protector de los caballos; en los humanos alivia el dolor de las rodillas y sana las enfermedades de la piel y de los ojos. Además es un santo al que acudir en caso de problemas conyugales”. Adquirió su santidad por llevarse milagrosamente a su tierra natal una fuente que había brotado, desde el origen de los tiempos en la Champaña, tras comprársela al incrédulo vendedor. Es venerado, también como mártir, al morir asesinado a manos de un clérigo amante de su joven esposa.
San Antonio de Lisboa, más conocido como san Antonio de Padua, es el santo predilecto de las casamenteras que acuden a él en busca de una pareja. Lo más destacado son las pruebas que éstas hacen pasar al santo hasta que su deseo es concedido. En un primer momento, se coloca al santo para abajo esperando el ansiado novio, si no funciona la imagen es enterrada hasta el cuello, bajo la amenaza de no ser liberado hasta que no aparezca el pretendiente.

Martirio familiar


Uno de los destinos familiares más terribles que hallamos en la obra es la de santa Sinforosa, que vivió en el siglo II junto con esposo san Getulio Zótico. Fruto de esta pareja nacieron siete hijos, todos santos y mártires, que respondían a los nombres de Crecente, Juliano, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo y Eugenio. El primero en morir en esta familia ejemplar fue el padre, siendo martirizado en tiempos de Adriano. Le siguió la madre, a la que el emperador hizo colgar por los cabellos, mientras ésta alentaba a sus hijos diciendo que los tormentos no eran tan atroces como parecían. Finalmente los hijos fueron atados a siete palos y asesinados de siete formas diferentes; “a Crecente le atravesó la garganta con una lanza; a Juliano el pecho; a Nemesio, el corazón; a Primitivo, el vientre; Iustino fue desmembrado y hecho cuartos; Estacteo, herido por todo su cuerpo y despedazado, y Eugenio partido por el pecho en dos partes”.

A modo de Epílogo por el autor

"Si, como resumen, hubiésemos de destacar algo, diríamos que El Jardín del Cielo es un libro “peculiar”. Que nadie espere encontrar ahí una recopilación de Vidas de Santos según el modelo clásico. Cuando decimos que es un libro “peculiar”, lo hacemos porque las historias que contiene están escritas desde la perspectiva de una mentalidad actual, hija de los usos, ideas y costumbres de nuestra época. Ni mejor ni peor; pero sí, en todo caso, una mentalidad muy distante de la que impulsó a estos santos y mártires a someterse a pruebas tan extremas que, con mucha frecuencia, no tenían otra desembocadura que la de su propia muerte."



RAFAEL PIÑEIRO

RAFAEL PIÑEIRO (Barcelona, 1948) ha compaginado a lo largo de su vida su actividad como directivo de empresas multinacionales en distintos países con la pasión por la literatura y la historia. El jardín del cielo es el fruto de un proyecto largamente madurado durante los últimos años.

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